domingo, 16 de enero de 2011

London (V) - Family

Mi quinta semana fue la más fría. Estar por encima de 0º era algo raro. Por lo visto era la típica ola de frío polar que aterrizaba en Europa. Amanecía nevado casi todas las mañanas.


Había estado bastantes veces en la nieve, pero que se convirtiera en una rutina en plena ciudad, al nivel del mar, me resultaba muy divertido. La zona norte, donde yo vivía era en la que más se había notado el temporal.

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Aun habiendo otras opciones, caminaba por la nieve porque mis botas la aguantaban bien y la sensación era agradable. Incluso muchas veces me cogía la nevada por la calle. Al resto de transeúntes, la nevada parecía no hacerle la misma gracia que a mí.

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La semana transcurrió rápido y el viernes llegaron Elena y mis padres. Las horas previas a su llegada y sobre todo los 10 minutos que estuve esperando en la estación de metro se me hicieron eternos.


Los amigos controladores casi nos aguan la fiesta. De hecho mi hermana no llegó hasta el Domingo noche tras muchas vueltas volando por la península, perdiéndose nuestra ruta del Sábado y el viaje del Domingo.


Cenamos en un pub en el Soho, la típica comida de pub: hamburguesas, frituras, pasteles de carne. Todo muy rico. La gente llevaba bebiendo desde temprano así que había muchos borrachos por el pub. Comidas de empresas, compañeros de trabajo y familias. Los ingleses cuando se emborrachan son muy escandalosos.


El sábado fue un tour express por los "must see" de Londres, para que Elena los conociera.


En Camden estuvimos bastante tiempo, y accedí a una zona que no conocía: unos antiguos establos que ahora servían de mercado.




Luego fuimos por el canal siguiendo el recorrido que yo había descubierto 2 semanas antes, pero atajamos por metro algunos tramos para que diera tiempo a todo.










La cena fue en otro pub cerca de Trafalgar Square, muy agradable también. Los pubs aquí son los equivalentes a los bares de tapas en España.


Nos fuimos a dormir pronto porque el Domingo había que madrugar: La Reina nos esperaba y no había que ser impuntuales.


Resulta que nos apuntamos a un tour con lo más vistoso que hay viajando hacia el oeste de Londres. Duraría todo el día, temendamente interesante aunque muchas horas en autobús.



Lo primero fue el Castillo de Windsor, donde La Reina pasa la mayor parte de su tiempo, pues está ya ancianita.


El castillo se visita por fuera. Por dentro no dejan, salvo algunas estancias, porque está habitado.



Uno de los sitios que sí se pueden visitar es la casa de muñecas de La Reina, un conjunto de miniaturas y recreaciones pijísimas con todos los detalles imaginables. Se ve que a la señora no le bastaba con el barco pirata de Playmovil.


A la salida, me dio el primer rayo de sol que que tocaba mi piel desde hacía más de un mes. Me quedé unos minutos disfrutándolo, pues para mí era valioso de verdad. Para celebrarlo, nos paramos en una tienda de chocolates donde no pudimos evitar comprar algunas delicatessen para el resto del viaje.


Almorzamos. Y llegamos a Stonehenge.



Para mí, que tanto había leído en los últimos años, fue muy especial estar allí. Superó mis expectativas.


Es increíble que esté ahí al lado de la carretera, en medio de una finca ganadera.


 Tuvimos suerte, pues los días anteriores el monumento había estado cerrado por el mal tiempo.


Seguimos hacia el oeste. La última parada era Bath, una ciudad preciosa con los (creo) baños romanos mejor conservados del mundo.



De hecho cuando entras parece que es una atracción de una feria, por lo bien hecho que está todo. Parece de cartón piedra pero no, es real.


El aire estaba a 0 ºC y el agua a 47 ºC. No dejaban tocarla.



El vapor que emanaba de la piscina, la música y algunos figurantes que había por allí vestidos de romanos le daban una ambientación muy mística.



A la salida, nos pasamos por el mercado navideño que hay tras la catedral. Ya era de noche y quedaban casi 3h de autobús para volver a Londres. Realmente una excusión muy recomendable.


 La verdad es que la compañía de la gente que quiero fue una bendición esos días. Lo necesitaba de verdad.

jueves, 13 de enero de 2011

London (IV) - Moustaches

Mi cuarta semana transcurrió metido en faena, estudiando mucho incluso cuando llegaba a casa. A la hora de comer, en ocasiones seguía con el plan de bocadillo + museo.


Por fin conseguí mi tarjeta de identificación, que me permitía abrir las puertas cuando era tarde, descuentos en el café y el acceso al comedor de doctorandos y profesores, donde sirven comida bastante elaborada para lo que estaba acostumbrado.


Hasta ahora no lo he comentado, pero durante Noviembre, los componentes del grupo nos hemos estado dejando bigote por una buena causa. Pues bien, no me preguntéis cómo, pero al final del mes habíamos recaudado más de 1000 libras para luchar contra el cáncer de próstata. El año que viene, aunque no esté aquí, me apuntaré al movimiento.


El fin de semana lo pasé estudiando, salvo el sábado por la mañana que me acerqué a Greenwich, donde se encuentra el meridiano cero. Antiguamente todos los barcos pasaban por ahí a poner sus relojes en hora antes de zarpar, pues el tiempo era la forma de calcular la posición en mar abierto.




El lugar es majestuoso, lleno de palacios donde la nobleza pasaba los veranos. Ahora son museos y una universidad.



Desde el observatorio de la colina se tienen muy buenas vistas. Normalmente es habitual ir y volver en barco por el Támesis, pero hacía un frío tremendo (al lado del río la sensación térmica era de -7º) así que me acerqué en tren.



La gente aquí se hace la típica foto de poner un pie a cada lado del meridiano. También los hay que señalan su ciudad en la lista.


Hay un planetario dentro del observatorio, y una roca del espacio que dice "Este será el objeto más antiguo que usted tocará jamás". Creo que tenía más edad que La Tierra, unos 4.000 millones de años.



Para almorzar me acerqué al mercado navideño de Greenwich. Tenía todo tipo de comidas étnicas, quizá el más variado que he visto.


Por supuesto, quería probar algo nuevo, así que me recorrí todos evaluando concienzudamente mi elección. Al final fueron estos cocidos nigerianos, un plato caliente con carne, verduras, arroz y una salsa picante.


No podía volver a casa si un dulce, pues es lo que mejor saben hacer los ingleses.


La verdad es que a esas alturas de la estancia las semanas se me pasaban volando y estaba completamente concentrado en el trabajo. En ese momento ya me había visto prácticamente todo lo que un turista debía ver en Londres, estaba aprendiendo mucho y ya notaba cierta mejora en mi inglés.